Trípoli tiene dos caras. La cara alegre y festiva de miles de civiles y milicianos que festejan en lugares emblemáticos como la Plaza Verde, ahora Plaza de los Mártires, la victoria de la revolución, y la cara sangrienta del cerco a Bab Al Aziziya, refugio de Muamar Gadafi cuya cabeza sigue siendo el gran trofeo que busca la oposición para coronar su revolución. Tensión y alegría se mezclan en la atmósfera de una ciudad en la que la búsqueda del dictador sigue siendo el principal objetivo.
Los rebeldes ya llegan el 95 por ciento de Trípoli "tomado". Según el ministro de Asuntos Exteriores italiano, Franco Frattini. El presidente del Consejo Nacional Transitorio, Mustafá Abdul Jalil, proclamó que la era Gadafi ha terminado, aunque el líder libio al que le espera un juicio justo, según Abdul Jalil, sigue en paradero desconocido. Este cambio de era no significa de momento que hayan terminado los enfrentamientos. Durante toda la jornada de ayer siguieron produciéndose combates esporádicos, según los mandos rebeldes, a lo largo de una ciudad cuyo aeropuerto también ha sido liberado.
Los milicianos declaraban a distintas cadenas árabes que los francotiradores son la mayor amenaza y también alertaban de la presencia de grupos gadafistas que circulan por las calles en vehículos a toda velocidad y disparan contra los grupos que festejan el fin de la dictadura. Estas celebraciones se extienden por todos lados, en las casas ondean las banderas tricolores de la revolución y al grito de "¡Alá es grande!" , miles de personas se sacuden el miedo de 42 años de dictadura.
Edgard Bernedo Infante.